14 abr. 2012

El más valiente.

Nos pensábamos inmunes ante tanta distancia. Contra tanto tiempo. Pero mi sonrisa se torna mueca si recuerdo los días de paseos hasta el río y caricias en mi portal. 
Me quedo callada, no sé qué decir, es de mala educación hablar con la boca llena de ganas, y no consigo tragar. El vaivén de tu cama era un estilo de vida, no permitas que me olvide del olor de tus sábanas. Busco alicientes que consigan que estos días no sean sólo sobrevivir a la rutina. 
Estas líneas vuelven a parecerse a las de la última semana, y me saben amargas, como si mis ojos se volvieran paladar. 
Sólo por seguir ahí, y no quitar mi foto de tu cuarto, sigues siendo el más valiente de todos los que conocí, y más sabiendo que de un tiempo a esta parte soy todo ruido, pura inercia...
No te preocupes amor, volveré a hacer la maleta con más ungüentos y menos ropa. Visitaremos de nuevo nuestra playa, sin prisa, sin cabeza, sin mañana. Te preguntarán si ya no te bebes mis manías. Contestarás seguro de mi que las estoy guardando todas para dártelas en dosis cargadas de adrenalina.

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