18 dic. 2014

Declaración de finales.

(Esto no es un poema. Es una declaración de finales).

Aquel verano te culpé de todo, por ser la mano ejecutora. 
Pero lo cierto es que no fue tu culpa. Fue mía. Que cambié. 
Me convertí en otra, ya no era la misma persona, tú seguías queriendo a la Chica de ayer, que ya no existía.
Todo lo que tú amabas se había ido con mi historia de vulnerabilidad y odio constante a los espejos.

Sí, yo era otra, pero a esta que también te eligió a ti, ya no la querías.
Hasta que dejé de hacerte responsable y entendí que tu pérdida fue culpa de mi disparo. 

Que yo grabé el nombre de tu niña en esa bala y la maté sin que pudieras despedirte. 
No me tomé en serio ni mi propia muerte. Y tú te fumaste el cigarro de después de dejarlo.

Solo me quedaba pedirte perdón, contarte que fue un sacrificio para salvarnos a las dos, que era lo mejor. Que no hubiera sobrevivido en este mundo, que le ahogaba su colección de hostias contra el suelo, su insuficiencia para volver a ponerse en pie y su dependencia a que tú la sostuvieras.


Fue después de eso cuando hice las presentaciones y tú y yo empezamos a conocernos, por segunda vez en la vida. Y volvimos a enamorarnos como entonces. Como nunca.
Porque si es un final, nunca es feliz. Y yo siempre he sido de punto y aparte.


Con todo esto solo quiero decir que tenemos derecho a perdonarnos, aunque para eso tengamos que volarnos la cabeza y nacer de nuevo en el mismo cuerpo.


Hay quienes lo llaman oportunidades.
Yo prefiero que me digas gata, porque aún me quedan cinco vidas.

20 nov. 2014

Soñemos.


Soñemos como quien despluma 
el caos que da alas a los suicidas.
Como cuando manipulas mi cuerpo 
ingrávido y falto de fricción.
Como el que cuenta los días de cremalleras 
después de la abstinencia.
Soñemos como quien cae al vacío 
por adicción a la adrenalina.
Como se tocan en público los incautos. 
Los valientes.

Soñemos como quien respira pulmones nuevos.
Soñemos como un preso habla de libertad.
Como se miran dos desconocidos en celo.
Soñemos con la insensatez como besan 
dos lenguas ebrias.
Soñemos como quien crece con canciones.
Como se sacian los vacíos que me dejas.
Soñemos como quien no quiere la cosa.
Como si pudiéramos amarnos sin blasfemias.
Soñemos.


Soñemos como quien hace el amor y para una guerra.
Como si se pudiera soñar en Palestina, en Siria...
Soñemos como si la muerte no se hubiera estrellado en los Alpes,
Como si Charlie Hebbo aún sostuviera su lápiz,
Como si no existieran vientres inflados de hambre,
Como si nunca nos hubieran disparado en Tunez,
ni nos hubieran echado de nuestras casas,
como si al cumplir los 15 no nos pusieran una pistola en la mano,
como si al cumplir los 10 no nos casaran con un extraño.
Como si ellas no fueran golpeadas en nombre del amor,
Como si nadie muriera en nombre de Dios.
Como si las tragedias solo se las leyéramos a Shakespeare.

Como si siempre nos quedara París.

Pongamos que hablo de vivir.

Soñemos, soñemos como si el Año nuevo pudiera ser eso, NUEVO.


Soñemos.



Porque no imaginas lo libre que soy, 
cuando cierro los ojos.

13 nov. 2014

Un día de esos.

Un día de esos
de los pies fríos
y la boca en carne viva.
Con exceso de saliva,
de no usarla.

La gente odiando la lluvia,
pero tu adoras el olor
a piernas mojadas.
Por eso abres las ventanas.

Porque nos encendemos 
a la perfección.,
Porque nos queremos
hasta la suciedad.

Pero hoy no es un día de esos.

Hoy hay tierra de por medio.

Mientras nos sirven corrupción 
en plato hondo,
tú sigues queriendo hacer París 
en los semáforos en rojo.
Y mantienes el equilibrio 
sobre mis ojeras.
como si nos odiaran
los bordillos.
Como si no pudieran 
sostenernos las aceras.

Pero hoy no es un día de esos.

Ni se me empañan 
las pestañas.
Ni tu nombre se me agarra 
a las amígdalas.

Hoy no es un día de esos.

Del amor destrozando los muebles.
Y tú diluviando en mi barriga.  


1 oct. 2014

En memoria de tu memoria.

A mi abuela, por esa capacidad suya para viajar sin su cuerpo.


Hoy me he puesto los zapatos del revés.
Olvidé pintarme las uñas.
He sacado dinero tres veces en cuatro horas.

Hoy soy más joven.

Estoy con él otra vez.
Parece que nunca se ha ido.
Estoy sentada con él y nuestros hijos
Aún no han crecido.

Esta es la historia
De mi viaje al pasado.
Hoy no tengo nietos.
Mañana no tendré hijos.
Puede que pronto mi madre
Me peine el cabello.

¿Quién es este niño?
¿ Quién es este niño?
Repito.
Soy Gonzalo, abuela,
Y vivo contigo.

Silencio.

Esta es la historia
De un derrumbamiento.

Ya no me peino.
Ya no me lavo.
Ya no camino.
Mis ojos miran y no ven.

Perdóname.
Perdóname
por desconocerte
Cada día un poco más.

Por ser madre de tu madre.
Por ser madre de tu abuela.
Me pierdo.
Me confundo.
Viajo
Sin mi cuerpo.

Ya no tengo miedo
porque no sé lo que es.
No tengo hambre.
Frío, ni sed.

Pero no dejéis de alimentarme.
No dejéis de arroparme.
Dadme de beber.
Porque mi cuerpo
No quiere acompañarme
En este viaje.

Pero yo a veces vuelvo.
A veces vuelvo
y pronuncio tu nombre.
Y sé que tú eres mi hijo.
Y sé que tú te llamas Cristina
Y que tu hermana tiene los ojos
Del color del zafiro.

Y si no…

Olvida que no lo recuerdo.
Recuerda que te he querido.



5 sept. 2014

Episodio III.

A medida que se acercan las estaciones frías, las ciudades se vuelven más bonitas. 
Y nosotros más tristes.

Septiembre. Septiembre…
Y con septiembre los días de mis días sin ti.

Un café sola, y con tres de azúcar.

Por las noches me repaso con los dedos, acordándome de los tuyos.
Y a la mañana siguiente vuelvo a poner esa lista de reproducción de canciones que duelen, por el puro placer de la autodestrucción. 
No vaya a ser que me ría y no estés allí para besarme en los dientes.
No vaya a ser que me ría y tú no estés.

Vuelves a ser ese oasis en el verano que me deja muerta de sed.

De momento me aferro a nuestras noches de palomitas y proyector. 
Que por no autoproclamarme friki, diré que soy esa loca que llora con el final del  Episodio III, mientras tú te ríes porque lloro. Y yo me pierdo en el lado oscuro por amor, que coincide con el lado derecho de tu cama, y encuentro mi redención justo entonces, cuando la fuerza te acompaña y los muelles gritan tu nombre. 
Mi Lord.

Pero te llamaré.
Te llamaré para decirte que me he cortado el pelo, que estoy intentando no morderme las uñas. Que bebo menos. Que salgo más. Que sigo con los labios agrietados. Que no salgo sin rímel en las pestañas. Y que voy a llevar las clases al día, entre otras mentiras.

Ya sabes, volveré a subirme en ese tren de vuelta, como si no cupieran más ganas en unas vías.

O en mis piernas.


23 jul. 2014

Así debería ser la vida.

Las mañanas y la vida, 
deberían tener olor a café.
No a napalm.
Debería estallar la risa
por las calles.
No civiles por los aires.

La vida debería ser algo
parecido a llegar a la vez.
Deberían escucharse los gemidos
de millones de mujeres.
No el estruendo de cientos
de explosiones.

Así debería ser la vida.

Y no estoy diciendo que la vida
debería ser fácil.
Solo que debería ser vida.

10 jul. 2014

Inevitable.

Quizás el problema sea que hemos dejado de querer ser héroes, para esperar ser salvados.

Yo lo que quiero es que destroces todos los relojes, que vayas deshojando sus manecillas, y que acaben en “me quiere”.
Que te olvides la saliva en mi ombligo, que no te acuerdes en donde dejaste los zapatos, y que no te importe.
Que te vistas sin remordimiento. Que te he visto marcharte con la sonrisa por el suelo.
Que suelo prometerte el cielo, y nunca cumplo lo que debo.

Y bebo.

Perdóname por vanidosa, pero quiero ser la mejor historia que haya pasado por tu vida.
Y si tuviera que ser un libro, fuera uno de esos de pasta duras y preciosas ilustraciones, un libro de esos que te marcan tanto que tienes que volver a leerlo.
Uno de esos libros que nunca cierras del todo porque no puedes pasar página.
Y que si lo acabas, solo sea para empezarme de nuevo.
De todas formas el olor a tinta ya lo tengo.

Quiero que seas mi última vez. Esa sí que nunca se olvida.
Y me pregunto si debería sentirme culpable por amanecer en tu cama entre tanta ansiedad colectiva, y miedo social al futuro.
Qué hago si te quiero en mitad de todo este derrumbe.
No voy a coserme a base de arrepentimientos. No con esta libertad que supone compartirnos sin pertenecernos.

Ese grado tuyo de inevitabilidad, o mi tendencia suicida a buscarte.

Al otro lado del mundo, fuera de nosotros, todos siguen siendo igual de cobardes.
La gente fuma, dan una calada a sus cigarros, y dudan.
Y yo no sé en cuántos cachos más partirme para no faltarte.

Sigo pensando que brillas tanto que quizás solo seas una mentira fugaz… y nunca termino de pedir de deseos.
Pero qué te voy a contar a ti de explosiones.
De estallar en millones de partículas por mi tripa.

Sigo siendo la misma, pero de otra forma.
Me hice más fuerte para encajar tus muerdos, para acostumbrar mi piel a tus uñas, para aguantar tu peso cuando te enredas en mi pelo.


Es imposible conocerte, y no quererte en el intento. 

30 may. 2014

Estos son mis desastres.

Estos son mis desastres. 
Te invito a pasar.
Porque tienes las heridas 
más bonitas que he besado.
Porque vienes con esos aires de 
“soy el amor de tu vida”,
y claro, cualquiera te lleva la contraria…

Debería arreglarme,
que mis destrozos no se visten solos.
Es que amar
es desordenar el corazón.

Ni se te ocurra soltarme 
en mitad de esta tormenta.  
Desde que empecé a echarte de menos
nada ha cambiado.
No ha pasado nada. Solo el tiempo.

Me encanta cuando me ayudas 
a salir de mis vaqueros.
Eso también lo echo de menos.
Cuando una persona se convierte 
en un lugar.
Entonces sí.
El problema es no poder viajar
a esa persona.

Me gusta cuando me gritas con los ojos,
Con la boca llena de silencio.
Todos cometemos aciertos.
Deja de atentar contra mi autocontrol.
Que no soy tan fuerte
Como los grados que marco.
Como ese día,
Cuando fuimos a tu casa a tomar algo,
Me preguntaste  “¿Qué te pongo?”
Y torpe y clorada dije: “Mucho”.

Ahora solo quiero que el tiempo 
me ponga en tu lugar,
El tiempo, pone,  pasa, vuela y cura.
Pero ninguna de esas cosas
en el momento que deseamos.

Jodidas balas los relojes,
Malditas armas los calendarios.
Sin seguro.
Cargados.
De espera.
De tiempo sin ti.

De todas las veces en las que has estado lejos,
no he soportado ninguna.

14 may. 2014

Te quiero de todas las formas posibles de dolerme.

¿Sabes de esas veces en la que pierdes o estás a punto de perder algo que siempre fue tuyo?
Esa sensación también se tiene con las personas, solo que estas no nos pertenecen.
Si consigues entender que una persona nunca fue de tu propiedad, si no que una vez, un día, con la libertad en sus manos decidió elegir, entonces tú le diste la mejor opción, y la tomó, Si entiendes eso, si comprendes que amar algo con todas tus fuerzas no te hace dueño de ello, entonces estás preparado para volver a ser su mejor opción.
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La piel tiene memoria. No solo retiene los rayos del Sol. También se acuerda de tus manos.
Déjate los besos en mi clavícula. 
Que el roce hace el fuego. Incéndiame.

Me gusta dejarme los zapatos en tu coche cuando vuelvo a esta Ciudad sin ti, para que busques el pie que encaja en ellos, y no encuentres unos tan pequeños en toda la comarca.

De mayor quiero ser tu risa, cuando sale de tu boca pasando por tu lengua y humedece mis pestañas.

Me has mojado los argumentos, las razones, los principios y finales.
Lo que ocurre es que yo te llamaba libertad y luego te amarrabas a mis piernas. Pero seguías con eso de volar.

He dejado de tener problemas con mi espejo desde que vivo para amar tu cuerpo, en lugar de para odiar el mío. Por eso soy preciosa, porque te quiero.

Dime con quién duermes y te diré a qué sabes. Y a mí no se me quitan tus lunares de los dientes.


Te quiero de todas las formas posibles de dolerme.

23 abr. 2014

Los días en los que te tengo.



Lo días en los que te tengo, como si poseyera las escrituras de tu cuerpo, cacique de tu espalda, dueña de lo que dices, de lo que te callas, propietaria de tus medias verdades, de tu incesable manera de hacer atractivo lo imperfecto. Pero nada tuyo me pertenece, por eso te quiero libre. Porque eliges verter tu libertad en mi existencia.


Los días en los que te he tenido. Dentro.


 Hemos sido agua, barro, huracán y tormenta. Y todo te llamaba, todo te codiciaba. Y tú gritabas que querías estar solo. Conmigo.

Me llevabas a cenar con la risa en los pantalones, con tu barba de tres días desmontándome las razones, con el pelo despeinado cantándome canciones mientras rompía las servilletas de los bares que te decían “Gracias por las vistas”.


Son los días en los que te tengo cuando no tengo que luchar por nada, porque ya te tengo.


Brillas por tu esencia, crías cuervos y te regalan ojos.

Me resuelves los enigmas, adivinas mis misterios. Deshaces la cama como quien construye castillos. Pruebas mi saliva como quien cata vinos. Te sumerges en mi cuello y me esnifas. 


Todos los viajes que planeamos, todas las veces que preguntas con el dedo en el mapa “¿Aquí?” y yo te digo “Donde sea. Pero contigo”. Y luego no vamos a ningun sitio, pero viajamos a cualquier lado.


Tus piernas calentando mis pies helados. Tus manos saboreando mi pecho. Mi pecho señalándote con el dedo. Mi pecho, que no disimula.


Todas las veces que hacemos las paces. Aquí te pillo, aquí te mato.

Esa noche. Ese baño. Los días en los que te tengo.


Los días en los que no te tengo. Todo mi mundo lleno de vacíos. Todos mis vacíos llenándose de nada.


Todo lo que quiero son los días en los que te tengo.

7 abr. 2014

Sigues estando.



Por más veces que te lo diga no va a tener más sentido. Por mucho que te lo demuestre no va a ser real si no lo haces tuyo.

¿Qué más quieres que te haga qué ya no hayas sonreído? Que sigo aquí joder, mírame. Sigo aquí. Dejándome tu nombre en las servilletas de los bares y el pintalabios en los vasos.

Que tengo una lista con todas las ciudades a las que aún no le hemos puesto el acento. Y en todas quiero que estés tú. Buscando las calles en google maps antes de salir a comernos. Olvidando dónde hemos aparcado el coche. Caminando. Parando para que yo me baje de los tacones. Haciendo turismo en los hoteles. Que sí, que quiero tu cepillo de dientes al lado del mío.

Nos he visto. Nos he visto casi jubilados, a ti asomándote varias canas y yo con el culo caído y miles de arrugas de las veces que me has hecho reír. Estábamos sentados en una terraza de verano, y todas las parejas de más de 60 ni se miraban, no pronunciaban palabra, ellos se limitaban a beber del vino, ellas mosto de uva, y ellos observando el vuelo de la falda de veinteañeras levantaban una ceja y arqueaban la mirada, ellas hacen como que no se dan cuenta, buscan un abanico en el bolso y fingen que tienen calor, fingen que sienten algo. 

Y ahí estábamos nosotros yo te miraba y tenías los mismos ojos que ahora, pero con más historias, más abrazos y más orgasmos. Te miraba y me la devolvías, y nos enamorábamos otra vez. Como hacemos todos los viernes. Y entonces hablábamos de coger un tren y plantarnos en Viena, y que a orillas del Danubio un poeta de calle nos escribiera unos versos, como si nos conociera de antes.
Nos mirábamos y ellos seguían sin hablarse y nos miraban. Nos envidiaban y se preguntaban ¿Cómo lo hacen?

¿Cómo? ¿Pero cómo mierdas voy a dejar de hacerlo si sigues estando?