27 jul. 2012

7 días.

Llevaba tiempo sin escribir sobre nosotros, al igual que tú sin poner nuestra canción favorita mientras revisas nuestras fotos. Será por eso de que nos gusta hacernos daño para comprobar si aún nos importamos.
Siete días de prueba amor, siete días en cinco años, hasta esos números tan pequeños me hacen daño, claro, como soy de letras...
Pero en ese tiempo no pudiste soportar el imaginar que mis sábanas olieran a otro, te atemorizaba pensar que acabara de ver en otro sofá o en otro colchón, todas esas películas que nos hemos dejado a medias, esas en las que nosotros mismos inventábamos el final.
De todas las veces que elegiste el camino fácil (o eso creíste) esta fue la más cobarde de todas, la más egoísta. Pero no es tiempo de hacer más sangre, ya solo me queda la cicatriz para recordar lo frágiles que son las promesas.
Al menos  has aprendido a curarme las secuelas que deja tu orgullo. Nunca me creí esa facilidad tuya para tachar recuerdos. Y aquí estamos otra vez, tu y yo por inercia, km0. Tú, siempre buscando el infierno, has elegido quemarte conmigo.
Y ahora continuemos con esto de olvidarnos del resto del mundo, del frío de otros brazos, de lo seco de otros labios. Sigamos con nuestra fotosíntesis particular, yo te ilumino, tú me riegas, nos alimentamos...

19 jul. 2012

El más malo y la menos buena.

Los celos son irracionales. El amor también. 
Cuanto mas quieres a alguien, menos lógica tiene todo. Y menos capacidad de raciocinio nosotros. 
Lo fácil sería ser animales, actuar por instinto, dormir, comer, aparearnos... Sin sufrir si ese león ahora está con otra leona con la melena algo más cuidada que la tuya.
Pero precisamente ser seres con intelecto nos hace estúpidos, y somos nosotros los que complicamos las cosas, como si ya de entrada no fuera lo suficientemente difícil.
Y si no, quién no ha dicho alguna vez "Le quiero y punto" así, sin explicación. Y te enamoras del más malo o de la menos buena.
Y es que a fin de cuentas te da igual que él sea un cabrón, o ella no la más santa. No escuchas los consejos, no vemos las consecuencias negativas, ¿Es que a caso las hay? Porque al final los buenos momentos acaban borrando las lágrimas, enterrando el sufrimiento, al menos hasta la próxima bajada. El amor es eso, un deporte de riesgo para nuestro organismo, lleno de subidas y descensos, y nosotros mismos somos los que tenemos que valorar las secuelas que nos dejan estas hostias. 
Y si aún no os ha pasado, preparad los pañuelos, entrenad el orgullo, pero sobre todo, disfrutad de las carcajadas.
"Tú me haces el dolor y me curas las heridas".