30 may. 2014

Estos son mis desastres.

Estos son mis desastres. 
Te invito a pasar.
Porque tienes las heridas 
más bonitas que he besado.
Porque vienes con esos aires de 
“soy el amor de tu vida”,
y claro, cualquiera te lleva la contraria…

Debería arreglarme,
que mis destrozos no se visten solos.
Es que amar
es desordenar el corazón.

Ni se te ocurra soltarme 
en mitad de esta tormenta.  
Desde que empecé a echarte de menos
nada ha cambiado.
No ha pasado nada. Solo el tiempo.

Me encanta cuando me ayudas 
a salir de mis vaqueros.
Eso también lo echo de menos.
Cuando una persona se convierte 
en un lugar.
Entonces sí.
El problema es no poder viajar
a esa persona.

Me gusta cuando me gritas con los ojos,
Con la boca llena de silencio.
Todos cometemos aciertos.
Deja de atentar contra mi autocontrol.
Que no soy tan fuerte
Como los grados que marco.
Como ese día,
Cuando fuimos a tu casa a tomar algo,
Me preguntaste  “¿Qué te pongo?”
Y torpe y clorada dije: “Mucho”.

Ahora solo quiero que el tiempo 
me ponga en tu lugar,
El tiempo, pone,  pasa, vuela y cura.
Pero ninguna de esas cosas
en el momento que deseamos.

Jodidas balas los relojes,
Malditas armas los calendarios.
Sin seguro.
Cargados.
De espera.
De tiempo sin ti.

De todas las veces en las que has estado lejos,
no he soportado ninguna.

14 may. 2014

Te quiero de todas las formas posibles de dolerme.

¿Sabes de esas veces en la que pierdes o estás a punto de perder algo que siempre fue tuyo?
Esa sensación también se tiene con las personas, solo que estas no nos pertenecen.
Si consigues entender que una persona nunca fue de tu propiedad, si no que una vez, un día, con la libertad en sus manos decidió elegir, entonces tú le diste la mejor opción, y la tomó, Si entiendes eso, si comprendes que amar algo con todas tus fuerzas no te hace dueño de ello, entonces estás preparado para volver a ser su mejor opción.
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La piel tiene memoria. No solo retiene los rayos del Sol. También se acuerda de tus manos.
Déjate los besos en mi clavícula. 
Que el roce hace el fuego. Incéndiame.

Me gusta dejarme los zapatos en tu coche cuando vuelvo a esta Ciudad sin ti, para que busques el pie que encaja en ellos, y no encuentres unos tan pequeños en toda la comarca.

De mayor quiero ser tu risa, cuando sale de tu boca pasando por tu lengua y humedece mis pestañas.

Me has mojado los argumentos, las razones, los principios y finales.
Lo que ocurre es que yo te llamaba libertad y luego te amarrabas a mis piernas. Pero seguías con eso de volar.

He dejado de tener problemas con mi espejo desde que vivo para amar tu cuerpo, en lugar de para odiar el mío. Por eso soy preciosa, porque te quiero.

Dime con quién duermes y te diré a qué sabes. Y a mí no se me quitan tus lunares de los dientes.


Te quiero de todas las formas posibles de dolerme.