14 may. 2014

Te quiero de todas las formas posibles de dolerme.

¿Sabes de esas veces en la que pierdes o estás a punto de perder algo que siempre fue tuyo?
Esa sensación también se tiene con las personas, solo que estas no nos pertenecen.
Si consigues entender que una persona nunca fue de tu propiedad, si no que una vez, un día, con la libertad en sus manos decidió elegir, entonces tú le diste la mejor opción, y la tomó, Si entiendes eso, si comprendes que amar algo con todas tus fuerzas no te hace dueño de ello, entonces estás preparado para volver a ser su mejor opción.
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La piel tiene memoria. No solo retiene los rayos del Sol. También se acuerda de tus manos.
Déjate los besos en mi clavícula. 
Que el roce hace el fuego. Incéndiame.

Me gusta dejarme los zapatos en tu coche cuando vuelvo a esta Ciudad sin ti, para que busques el pie que encaja en ellos, y no encuentres unos tan pequeños en toda la comarca.

De mayor quiero ser tu risa, cuando sale de tu boca pasando por tu lengua y humedece mis pestañas.

Me has mojado los argumentos, las razones, los principios y finales.
Lo que ocurre es que yo te llamaba libertad y luego te amarrabas a mis piernas. Pero seguías con eso de volar.

He dejado de tener problemas con mi espejo desde que vivo para amar tu cuerpo, en lugar de para odiar el mío. Por eso soy preciosa, porque te quiero.

Dime con quién duermes y te diré a qué sabes. Y a mí no se me quitan tus lunares de los dientes.


Te quiero de todas las formas posibles de dolerme.

1 comentario:

Coge altura. Deja señales.