27 oct. 2012

Si aún dices: venga; yo digo: vale.

A veces pienso que te pido demasiado, o que lo que te pido es demasiado para ti. 
Y seré yo,  que sobre valoro los detalles, que exijo palabras bonitas y romanticismo cuando están en peligro de extinción, que me ato a la locura de "contigo soy mejor", que me creo que puedo ser musa de algún poeta, cantante o escritor. De ti en general. De nosotros en particular.
Y araño tu escudo de hombre frío y cabal, escarbo hasta tus raíces, desentierro instantes, ilusiones y matices.
Así eres tú, así sos vos. Aunque por  fuera seguía siendo frío, el hombre de hojalata finalmente consiguió su corazón. Ya lo entiendo cariño, no quieres desgastar el tuyo, no quieres que se rompa de tanto usarlo, pero siempre está en el momento justo, cuando ya estoy cayendo al vacío. Míster Madrugada, señor de saliva y lumbre, muerdos de un instante, besos en cualquier parte.

Siempre cogiendo altura, siempre dejando señales, pero tú llévame al baile, aunque no vistamos de etiqueta, aunque se nos atraganten las verdades, y otra vez "si aún dices: venga, yo digo: VALE".

8 oct. 2012

Quiero vivir contigo.

Siempre hablándole a los papeles de nosotros, este cuaderno está cansado de oír la misma historia, de leer las mismas palabras.
¿Qué nuevo puedo decir de dos pieles que se necesitan? Que se aúllan como lobos para ver si el otro percibe su presencia.
Va todo tan bien cuando nos va bien todo... Aún así no puedo evitar volver a decir "Te echo de menos". Y de tantas veces que lo has leído, y de tantas veces que me lo has escuchado, seguramente ya no sea importante para ti. Pero sigue siendo tan real como la primera noche que me tuve que despedir, entre agua salada de ojo y labios temblando de miedo. 
Cada mañana subo la persiana como si el paisaje fuera a ser otro, como si fuera el nuestro. Pero es el mío, el de mi ciudad, que tiene tantas ansias de tu cuerpo como mi cama. Que apenas te conoce, pero que también se muere de ganas. Que no tiembla desde hace tiempo, pero que espera que suceda.
Y tú sonríes vanidoso cuando te cuento todo esto, entonces se calienta el teléfono a base de susurros y promesas de mayores.
¿Sabes? Estoy entrenando para ser ordenada, o al menos para no ser un desastre, últimamente dejo las llaves siempre en el mismo sitio, y casi nunca se me pierden, o casi siempre las encuentro. También me ha dado por limpiar todos los jueves a la misma hora. Y aunque no me ves, imagino que estarías orgulloso de mi. Dirás que no sirve de nada si el fin de semana de recuentro me dejo la ropa por todo tu cuarto. En realidad es una táctica, te acordarás más de mi si te pongo de los nervios, siempre he sido una astuta estratega, aunque nunca me ha servido para ganar batallas.
Adoro sacarte los colores y también de tus casillas. Lo suyo sería, o lo nuestro en cualquier caso, que no te cansaras nunca de mis manías, ni yo de tus olores. 
Acuérdate de venir siempre hirviendo ahora que se aproxima el frío, que ya sabes que se me congelan los pies, y que sólo me alivia tu edredón, a veces incluso la calefacción del Laguna.
Deberías venir ya, o yo debería volver, que tengo millones de tonterías en la cabeza, y lo reconozco, sin ti no sé que hacer con ellas.
Y por si nunca te lo he dicho, propuesto, o prometido... quiero vivir contigo.

2 oct. 2012

Había una vez...


Ahora los cuentos de hadas y princesas han cambiado, han evolucionado, para bien o para mal como la sociedad. Ahora los héroes que quieren mejorar el mundo son los despectivamente llamados “perroflautas”, los gobernantes y la realeza ya no es justa ni honrada y la bruja malvada lleva barba y vive en Moncloa.  Los vestidos de las damas se ensucian y el cristal de los zapatos se rompe.

Estamos muy enfadados porque nos prometieron perdices para siempre pero los platos de muchos siguen vacíos. Estamos tan cabreados que la policía paga su frustración con nosotros, y nosotros con ellos, y no nos paramos a pensar que en realidad compartimos la misma crispación, los mismo sueños, el mismo enfado. Y no nos damos cuenta que a ellos también les están robando poco a poco, y que tienen miedo, mucho miedo y por eso obedecen a la bruja mala. Y ellos, debido a todo ese miedo no se dan cuenta que nosotros estamos desarmados y que también luchamos por ellos. En este cuento se necesita más empatía, y creo que de eso queda poco en todos los lugares de este reino que ya no queremos. No tenemos lámpara que frotar para pedir nuestros deseos al genio, Dumbo se ha hecho Republicano y la cueva de Alí Babá ya no es del pueblo.

Y no sé como acaba nuestro cuento, solo espero que los malos mueran o se hagan buenos… Había una vez, y otra, y otra, y muchas más, y tantas que se acabaron.