2 jun. 2012

Nuestros días en la Capital.

Nunca me gustó la Capital, siempre me pareció de color gris. Y más esos cinco días que la lluvia no perdonó nuestra visita. Yo bromeaba, "de Madrid solo me gusta el agua del grifo". Pero dio la casualidad que estabas allí junto a mi, en esas calles llena de desconocidos con falta de analgésicos y coches  apresados en humo de combustible. 

Y conseguiste que Gran Vía me pareciera un Bulevar. Que Sol iluminara a las 2.00 de la Madrugada y temblara el Kilómetro Cero. Que los Egipcios me regalaran el Templo de Debod y la calle de las letras un beso bajo el paraguas. Mataste de celos al Manzanares que deseó ser mi pelo para sentir tus manos. En los paseos jugábamos a la anarquía y Alcalá quiso cerrarse por un día para que no molestaran a su ciudad. En el Retiro nos señalaban las estatuas, pero no te importaba, sabías que era envidia.

Y esta es la historia de cómo conviertes en música el ruido.