14 nov. 2012

Aún. Ahora.


¿Te acuerdas cuándo era invierno en primavera y a ti te dio por cazar gamusinos en los parques? Y jugabas con mechones de mi pelo esperando que en tu cama se hiciera de noche. Yo me sacudía con violencia los vapores que producían los secretos de los coches, ese día tenía las gafas, se me empañaban y no veía tu cara, y...¡cojones, qué miedo daba! Desde entonces no me quito las lentillas.

Me puse a reconstruir las cicatrices a filigrana, mientras me dibujabas con los dedos arco iris en la nuca, aún no he descubierto cómo conseguías los colores.

Me besabas en la oreja, pero no pronunciabas las palabras mágicas (Dos palabras, ocho letras), entonces no sabía si tenía frío o calor, porque resulta que el frío también quema y yo ardía como Ícaro, te parecía gracioso, entonces dejaba de arder para bailar con tu carcajada, estallabas de lascivia y a mi me partía la cara una sonrisa.

Luego venía eso de que si las cosquillas en tu axila, de que si los sudores en mi pecho, y los dientes afilados porque estoy hecha de mordiscos y blasfemias y algunas que otras canciones de las que ni si quiera entiendo el idioma, pero joder, qué bien suenan...
¿Sabes? Me gustan los comienzos, porque son los momentos en los que un final parece imposible. Y nosotros empezamos cada día. Aún. Ahora.






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