11 dic. 2012

Caliéntame los pies.

Me he sentido tan irascible ilógicamente  por querer que el teléfono sonara a cada minuto,  y  que me preguntaras qué tal fue mi día de mierda, apuntes y té negro, que olvidaba que hoy escribiste que te importo en una chimenea, encima de un tejado, donde nadie pudo verlo, sólo el cielo, tú, y yo en una foto. Y que has prometido volver a hacerlo donde nunca se borre y sólo sea para nosotros.
No todos los días te quiero tanto, a veces te quiero más. No es que sea insaciable y quiera más de ti. Es que lo quiero todo, y todo nunca puede ser. He de aprender a administrarte en dosis, pequeñas, sutiles, sabrosas.
Pero no logro comprender de qué cojones sirve tanto frío si no estás para arroparme. 
Ven a calentarme los pies y lo que haga falta. Y hacen falta tantas cosas...

3 comentarios:

  1. A veces te echas hacia atrás, es para coger impulso.

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  2. Eres tan envidiablemente buena que asusta. Felicidades, te odio. (pero felicidades al fin y al cabo! :) )

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  3. Nunca. Ni cuando los aplausos cesen tras la actuación, ni cuando el goteo de la lluvía deje de golpear al caer de las ramas, ni cuando la Luna muera quemada por el Sol. Nunca. Ni cuando las señales que profetizan el fin del Mundo te ahoguen, ni cuando las fotografías te dejen de hablar, ni cuando el sueño haya acabado roto por el sonido del tic tac. Nunca. Nunca dejes que tus pies queden fríos. (de alguien que te leyó, de alguien a quien le recordaste que muchas veces se despierta con los pies fríos...)

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Coge altura. Deja señales.