23 ene. 2013

Temblar de calor.


No sé contar hasta infinito.

Te espero en el sueño de siempre, que despierta no llegas y se me aparecen los fantasmas, y sólo mojan mis labios los licores en la barra.

Qué coño tendrán los bares? Te escuchan, te cantan, te besan los vasos...

Tu nombre lleva cafeína, y de susurrarlo tantas veces no consigo dormir.

Que a veces me pareces más utopía que hecho. Que no sé besarte sin reír. Que me equivoco de cielo y no sé vestirme sin ti.

Y yo te deseo en mis tiempos muertos, por eso suicido los vivos.

Me apetece que hagamos anarquía, como aquellas tardes en tu cuarto y el puto gato en la ventana ronroneándonos guarrerías.

Hablan de la adicción, y no saben lo de tus manos.

Me paso los inviernos echando de menos, y mis inviernos duran diez meses.

Si provocas silencios me inventaré tus palabras, imaginaré que gritas que quieres repetir o que sea tu hada de esas del polvo que hace volar.

Me contaron una historia preciosa, mítica, sobre las primeras musas hijas de dioses, y aunque no inspiro a nadie, sólo expiro,  quiero temblar de calor.

1 comentario:

  1. De ti ya nada me sorprende. Que tengas un blog, y encima que merezca tanto la pena, menos todavía. Siempre has sido de esas personas de las que aprender, por tus ganas de vivir cada segundo como si fuese el último, por tu capacidad de dejar huella en quienes te rodean. Mi más sincera enhorabuena Cristina. Por todo. Y por seguir siendo la misma, reconocible e inconfundible.

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Coge altura. Deja señales.